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lunes, 29 de enero de 2018

Las momias del Ávila

¿Momias en el Ávila? ¿Eso existe? No vale, eso tiene que ser un cuento, como lo del volcán y los ovnis; de esos que te echan cuando chiquito para asustarte y que dejes de portarte mal.
“Que si sigues así te van a dejar con el señor de las momias”
Y pues resulta que no, que es verdad lo de las momias en el Ávila. Que sí existieron, aunque ya no quede rastro de las originales porque hubo gente que se encargó de robarse todo, pero queda la historia y queda el lugar. Yo había escuchado del Dr. Gottfried Knoche desde hace tiempo ya, pero fui hace apenas un par de años, gracias a un grupo llamado Fundhea. Ellos son una fundación que hace recorridos patrimoniales bastante interesantes, a precios razonables.
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[Nota de la Capitana: Les cuento que con el Ávila me pasa algo parecido a lo que me da con el mar: me encanta pero me da un poquito de miedo al mismo tiempo. Aunque en verdad, he llegado a la conclusión de que no es miedo, sino respeto, y que si no fuera por esa sensación uno tomaría muy malas decisiones. Se los digo porque en rutas como estas es bueno hacer caso, seguir al guía y no desviarse, o puede uno terminar perdido por días]
El día del paseo nuestro grupo -unas 20 personas- salió desde un punto de encuentro que nos notificaron apenas días antes. Unos Jeeps nos llevaron hacia la vertiente norte del Ávila, cerca de la Plaza Bolívar. Vayan desayunados, porque esa caminata no se aguanta sin comida.
Ya desde la Plaza Bolivar la vista es impresionante. En un dia despejado se ve clarito el mar. El clima en nuestro paseo estuvo movido, nos dio chance de disfrutar del solecito pero también llevamos un buen baño de lluvia, porque El Ávila no me deja volver completamente seca nunca.

Vamos al grano: las momias 


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Es una réplica. También hay una de un perro.



Un toque de historia: El Dr. Gotfried Knoche nació y estudió en Alemania, pero se vino a trabajar para acá. Se trajo a su familia completa y revalidó el título. Aunque hay muchos datos registrados sobre su obra médica aquí en Venezuela, es uno de los personajes con más misterio a su alrededor. Trabajaba en el Hospital San Juan De Dios de La Guaira, y además trabajó para resolver la epidemia de cólera que hubo en la zona; por cosas como éstas, era visto como el ‘José Gregorio’ del litoral. Pero por lo que es recordado, su aspecto más conocido y desconocido a la vez, es su trabajo de investigación sobre la conservación de cuerpos. Lo que hizo este señor fue inventar un suero que lograba conservar a los cadáveres, cuya fórmula nunca se supo a ciencia cierta. Como todo adelantado a su época, no fue muy comprendido. Dicen que varios personajes de la historia de Venezuela fueron embalsamados por Knoche, volviéndolos “momias”.  Decidió vivir en la Hacienda Buena Vista en Galipán, que es precisamente el objeto de la visita. Aparentemente la casa era una belleza construida con el estilo ‘Selva Negra’ alemán, con muy buen clima, porque abajo en La Guaira era muy húmedo.
El cuento, debo decir, varía un poco según el grupo con el que hagas el paseo. Todos quieren tener la verdad absoluta y discuten sobre los hechos o la falta de ellos. Lo sé porque además, ese día nos encontramos otro grupo y pudimos escuchar un poco sus historias. A mi me gusta que las cosas sean lo más fieles a la realidad, no por falta de imaginación, sino porque pienso que para conservar el patrimonio de algo hay que tratar de distorsionarlo lo menos posible. Lo que hicimos nosotros fue investigar un poco al regresar, preguntarle a gente confiable y completar lo que habíamos aprendido. Rescatamos mucho la idea de Fundhea de olvidar la imagen de “médico loco” de Knoche, porque en verdad hizo muchos aportes a la comunidad y fue una figura muy respetada, sobre todo en Vargas, donde ejercía.

El camino 

Desde la Plaza Bolívar hay que caminar un trecho de más o menos una hora, de dificultad media, que se puede incrementar ligeramente si recién ha llovido. Cuando se acaba, llegas a un claro donde te recibe la primera ‘’momia”, que en realidad es una utilería puesta allí para darle emoción a la cosa. No negamos que es atractivo llegar y ver esa figura, pero quizás te eleva mucho las expectativas.

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¿Por qué? Les digo que no hay que hacerse mucha ilusión con las “ruinas”. A pensar que una de las primeras cosas que encuentras es el mausoleo, que se ve imponente entre la vegetación y la niebla y que te genera un friíto en el cuerpo mientras te vas acercando, e incluso, sientes temor al llegar, pensé que había más construcción aún en pie, pero resulta que se han llevado ya casi todo. Y no les hablo solo de hampa común, sino que el mismo yerno de Knoche destruyó la casa buscando un supuesto entierro, con el supuesto tesoro del doctor. No sólo se han llevado las osamentas -las que se ven son resultado de una ambientación, como les dije- sino que de la casa apenas quedan algunas piedras, y hasta las tumbas son una reconstrucción. El mausoleo sí está prácticamente entero y dependiendo del día puedes entrar y curiosear adentro.
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[Nota de la Capitana: hay gente que se queda a acampar aquí de noche. Muy miedosa para ese plan, pero suerte con eso]
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El mausoleo



Por supuesto, usando mucho la imaginación, pueden re construir la casa mentalmente a través del relato que les echan. Imaginarse la cantidad de tiempo que ese señor se echaba a su casa todos los días, las condiciones de vivir ahí, el frío que debe haber hecho cuando caía el sol. El tamaño de la casa, los ruidos de la montaña de noche.
Incluso cuando entré a la pequeña construcción que sigue entera -el laboratorio- me imaginé al doctor haciendo las preparaciones, y como en una especie de película muy vieja, el momento donde preparaba a una de las momias. Sí, es muy fácil darle la estética de una película de terror, ¡Pero ese señor hacía ciencia! ¿Qué increíble esas personas adelantadas a su tiempo que descubren ese tipo de cosas, no?
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La réplica de las tumbas



Oportunidades de fotos hay por montón. Están también los restos de un balcón -inserte aquí la imagen de la doncella en vestido de época- El problema es que entre la lluvia y la humedad a mitad de paseo ya yo estaba bastante impresentable, y aunque igual me la tomé, por algún traspapeleo digital casi todas las fotos de este paseo desaparecieron, así que habrá que volver.
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La entrada del laboratorio



El almuerzo lo hicimos sentados en el Mausoleo, hablando con el grupo, que resultó bien agradable. Hay algo ideal de irse a viajes con gente que no conoces; no esperas nada de nadie, y todo es una sorpresa. Si son panas pueden ser un amigo nuevo, si no los soportas, simplemente no los vuelves a ver.
Me gusta que gracias a paseos como este y a la capacidad de transmitir información que hay ahora, esta gente de Fundhea se está encargando de disipar un poco el mito tipo de película de terror que había alrededor del Dr. Knoche. Hacía experimentos, sí, pero si buscas un poco más profundamente en la historia ves que ese señor no estaba loco, era un genio. Era benefactor del pueblo de La Guaira y su trabajo estaba enfocado en la ciencia.
Lo que no me disfruté, además de saber que el vandalismo ha podido más que la memoria histórica – por lo menos hasta ahora- fue saber que existen varios grupos que claman dedicarse a la historia y a su conocimiento, pero que trabajan por separado. Muchos tienen ideas muy distintas, que van desde la disputa sobre si el apellido es Knoch o Knoche, hasta contradecirse en datos generales. Uno de estos grupos reconstruyó lo que pudo, y puso una réplica de las momias, algo de lo que no todos son fans. Y eso lo entiendo, porque incluso la restauración de las lápidas no es históricamente correcta. Yo no estoy tan en desacuerdo con ‘reconstruir’. Aunque la idea es evitar que se haga un circo dela historia, hay ciertas cosas que, bien logradas, llamarían mucho la atención del público. Fundhea se ha encargado de hacer una investigación con rigor y método científico según nos explicaron, pero ¿No sería más productivo trabajar en conjunto, potenciar los instrumentos y beneficiarse todos del desarrollo de la ruta? Sería una buena manera de dar ejemplo -más del que ya nos están dando al emprender y rescatar pedazos de la historia- de cómo juntos es mejor construir un país.
Más allá de estos pequeños conflictos, este paseo es sumamente interesante y más que recomendable, sobre todo porque es parte de nuestro imaginario popular caraqueño que no todos conocen y que en realidad es muy rico para dejarlo perder.

Los datos 

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Fundhea nos llevó a nosotros, y puedo decir que los recomiendo. Ellos publican su trabajo en su Instagram y ahí sale la información sobre los días y los costos. Pueden escribir un correo a fundhea@hotmail.com para pedir la planilla de inscripción. El procedimiento es revisar su calendario, decidir cuál te gusta más, anotarte y esperar pacientemente a que llegue el día de ir a excursiones. También hay otros grupos que han armado la excursión, como Acamparavila, aunque a esta ruta en particular no he ido con ellos.
¿Qué llevar?  Es una excursión de leve a mediana dificultad, dependiendo de si ha llovido o de si no están acostumbrados a estos paseos. Un morral pequeño es suficiente, y yo les recomendaría que lleven agua, merienda, su almuerzo, una camisa y medias para cambiarse en caso de que llueva, un impermeable. Usen protector solar y repelente de zancudos. Vayan con zapatos cómodos y que no resbalen (o sea, NO vayan en Converse. Al Ávila no se va con zapatos lisos).
Recomendaciones: lleven una bolsa impermeable para que los electrónicos no se mojen. San discretos con lo que llevan, aunque les digo que yo tenía mi cámara y no hubo problemas, ni me sentí insegura. No se separen de los guías, y no intenten meterse por caminos no señalizados. Tomen la información ‘con un grano de sal’, y ¡Disfruten! Me cuentan cómo les fue.
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https://todoesunviaje.wordpress.com/2017/10/24/las-momias-del-avila/

martes, 23 de enero de 2018

Tras la leyenda del Doctor Knoche: El Frankenstein del Caribe

Arlynne Hernández |En lo profundo del Waraira Repano yacen las ruinas de la hacienda “Buena Vista” propiedad que a lo largo de los años ha nutrido el imaginario popular con leyendas de ultratumba. La finca ubicada en el sector Palmar del Picacho de Galipán en Vargas fue residencia del cirujano alemán Gottfried August Knoche quien se instaló en La Guaira junto a su esposa  e hijos, a mediados del siglo XIX para atender a la población alemana que se había trasladado a Venezuela en la colonia.


Aquel médico de avanzada que se instaló en el litoral,  hasta su muerte en 1901,  inspiró las más elaboradas historias de misterio gracias a la fórmula que inventó para embalsamar cuerpos. Algunos lo conocen como “El Frankenstein del Caribe” otros como el José Gregorio Hernández de La Guaira;  lo cierto es que en la verdadera historia de su vida lo que más resaltó fue su benevolencia y entrega hacia los pacientes pobres que atendió mientras estuvo a cargo del hospital “San Juan de Dios”.  
Gottfried August estudió medicina en Alemania donde ideó una sustancia embalsamadora que  retrasaba el proceso de descomposición de los cuerpos.  Desde su llegada a Venezuela (hacia 1840)  fue visto como un científico vanguardista que llegó a ser muy solicitado por las familias pudientes y estimado por los pobres por su generosidad. En su finca construyó un laboratorio para practicar con algunos cadáveres del hospital “San Juan De Dios”. A pocos metros también erigió un mausoleo familiar para conservar a sus seres queridos.
“La leyenda del doctor Knoche se originó porque éste ofrecía sus servicios fúnebres a los extranjeros no católicos que vivían en La Guaira o Caracas. Recordemos que para mediados de 1800 las personas que no profesaban la religión católica no tenían permiso para ser enterradas en cementerios comunes. De allí, que las familias hayan contratado al médico para preservar los cuerpos con el método que inventó antes de su llegada al país. Decían que era un excéntrico pero en realidad era un pionero en la medicina… Fue un incomprendido”, explica Derbys López, director de la Fundación de Historia, Ecoturismo y Ambiente (Fundhea) en sus recorridos por el camino hacia la residencia del alemán.
Hoy, la vegetación y la humedad dan la bienvenida a la propiedad de la familia Knoche, la que sobrevive incompleta en medio del bosque, entre matas de ‘pica a pica’ y el olvido. La misma que fue destruida casi en su totalidad por un sobrino ludópata del médico,  ávido de fortuna y perseguidor de morocotas.
En el mausoleo ya no descansan las momias familiares. Tampoco el cuerpo del médico se encuentra allí- En su lugar,  hay muñecos de plástico que  desentonan la armonía y la paz que se siente en las laderas de la parcela. Saqueadores de tumbas  y estudiantes de medicina acabaron con las evidencias de los cuerpos conservados por la fórmula secreta.
Después de recorrer las ruinas junto a Fundhea, las momias y el horror que hicieron famosa a la canción“Doctor Kanoche” del rockero Paul Gillman ya no lucen tan escalofriantes como en la década de los 90.  La historia de un hombre común que trabajó por los demás y experimentó por la ciencia resta importancia al mito perverso que durante años salpicó el nombre del germano.
Recorridos de Fundhea
Si quiere saber más de la vida de este científico solo debes contactar a Fundhea a través de fundhea@hotmail.com  o por el teléfono 0416 413 01 36. El recorrido tiene un costo de 290 bolívares por persona e incluye transporte rústico, primeros auxilios y  guiatura. Es importante que tome en cuenta que son dos horas de caminata hasta el lugar y que debe llevar suficiente agua y  refrigerio.
Fuente: ultimasnoticias.com.ve

jueves, 21 de agosto de 2014

Tras el rastro del momificador del Ávila

El médico alemán que embalsamaba a personas en el Ávila en el siglo XIX sigue despertando la curiosidad de investigadores que quieren desentrañar su verdadera historia. Dos libros dedicados al doctor Knoche están en preparación para tratar de develar los misterios de su vida.

Por Georgely Morín - 
Entre algunos habitantes de Caracas circula la leyenda de que en el siglo XIX vivió un médico alemán en el Ávila que, en medio de su locura, experimentaba con cadáveres en su casa en el Ávila. En La Guaira la leyenda era otra, pues al mismo médico le atribuían un carácter caritativo que demostraba ayudando a los más pobres.
“Ante este choque de dos historias orales, tenemos la intención de dar a conocer la verdadera historia del doctor Gottfried Knoche”, manifestó Derbys López, director de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente (Fundhea). “Más que un médico loco fue un científico incomprendido”, plantea con convicción.
En esa búsqueda de certezas sobre la vida del doctor, la Fundación está realizando una investigación que se sistematizará en un libro en el futuro, aunque todavía no tienen clara la editorial ni la fecha de publicación. Pese a que se conocen algunos aspectos de la vida del doctor Knoche, aún persisten misterios que motivan las actuales investigaciones sobre su historia. ¿Cuáles eran sus razones para petrificar cadáveres? ¿Cuál era el método que utilizaba para hacerlo? ¿A dónde pararon finalmente sus momias, incluyendo la de su propio cuerpo?
Hay distintas versiones y lagunas de información respecto a estas interrogantes. En lo que sí parece haber consenso es en que Knoche, llegó a Venezuela desde su Alemania natal en 1840, con 27 años y con un título en medicina que pronto pondría en práctica. Trabajó en el Hospital San Juan de Dios y se mudó a las montañas de Galipán, específicamente a una hacienda llamada Buena Vista.
Fue en esa casa, en medio de un clima frío y solitario, donde el doctor empezó a realizar sus primeras momificaciones. Realizó dos de sus trabajos más famosos con los cadáveres de dos personalidades importantes del siglo XIX, como el presidente venezolano Francisco Linares Alcántara y el fundador del periódico El Venezolano, Tomás Lander.
El caso de Lander es bien particular, puesto que el político y periodista murió en 1945, fue momificado por Knoche, y su cuerpo estuvo cerca de cuarenta años sentado en su escritorio a la vista de los visitantes de la casa familiar, hasta que el Gobierno de la época obligó a sus parientes a darle sepultura.
Knoche también momificó a otras personas: los miembros de su propia familia, cuyos cuerpos permanecieron en un mausoleo de la hacienda. Pero, ¿con qué intención el doctor realizaba estas momificaciones? “Nuestra hipótesis de trabajo -que no hemos podido verificar- es que es que el doctor Knoche estaba promoviendo un método para preservar los cuerpos con la intención de que se mantuviesen en los servicios funerarios”, supone López, quien aseguró que la petrificación de cadáveres fue una novedad que trajo el doctor de Europa a Venezuela, porque aquí se hacía el procedimiento de forma arcaica extrayendo las vísceras y echando cal.”
Explicó que después de que la persona fallecía, comenzaba el proceso de la momificación con la inyección de un líquido en la corriente sanguínea del cadáver, que sustituía a la sangre y deshidrataba el cuerpo.
Jesús Burgos, presidente de la Fundación Knoch —otro grupo que difunde la vida y obra del médico alemán- tiene otra teoría respecto a las motivaciones que impulsaron las momificaciones.
“Según el mito, el doctor tenía una fórmula que en realidad nunca existió. Él tenía amplios conocimientos de la cultura egipcia, y lo que hizo fue momificar con la técnica que utilizaron los egipcios. Existen muchos símbolos que así lo señalan en la hacienda Buena Vista”, aseguró Burgos.
“El objetivo que buscaba con las momificaciones era vivir eternamente. En Egipto a los ladrones no los embalsamaban: tenían que estar intactos para pasar de una dimensión a otra” recalca Burgos, para quien Knoche hacía un culto a la vida en vez de un culto a la muerte. Según su teoría, el doctor momificaba a los cuerpos sumergiéndolos en una gran bañera durante 30 días y posteriormente los ponía a secar durante una cantidad de tiempo similar.
Paseos a un lugar sin momias.
En 1911 murió el doctor Knoche y 25 años después, falleció Amalia Weissmann, la última de sus ayudantes. Al parecer, a partir de allí comenzó el declive de la hacienda Buena Vista, y los cuerpos corrieron con una suerte que aún se desconoce.
Los nichos donde reposaban las momias ahora están vacíos. López recordó que hay historias que cuentan que algunos médicos subían hasta la casa para conocer el lugar y llevarse parte de las momias, con el objetivo de conocer la supuesta fórmula secreta de Knoche. Además, aseguró que existe una foto de 1950 en la hacienda Buena Vista que demuestra que para ese entonces, una de las momias continuaba en el lugar. Sin embargo, Burgos asegura que los cuerpos estuvieron en la hacienda hasta la década de 1940 aproximadamente.
La casa y el mausoleo del doctor Knoche sigue estando rodeado de un hálito de atracción y misterio, que atrae a visitantes continuamente. En Fundhea tienen un programa de visitas llamado Rutas EcoPatrimoniales, que incluye un paseo hacia las ruinas de la casa de Knoche con un recuento de su historia. Los interesados en participar, pueden contactar a Fundhea a través de su grupo de Facebook. La Fundación Knoch también realiza charlas en Buena Vista, sin fines de lucro, para quienes estén interesados en conocer más a fondo esta historia.
Las investigaciones, los libros y los paseos tratan de mantener viva la memoria del doctor alemán, cuya vida aún forma parte de los misterios de la historia venezolana.
 Rutas EcoPatrimoniales Fundación Historia Ecoturismo y Ambiente (Fundhea) en Facebook

¿Osarías visitar el mausoleo del Dr. Knoche?

Este sábado es un buen día para ir con Fundhea a develar los misterios del alemán creador de momias que vivió en El Ávila caraqueño

 Gottfried August Knoche fue un médico alemán que se residenció en La Guaira en 1840. Poco más tarde, enamorado del cerro El Ávila, compró la Hacienda Buena Vista al pie del Picacho de Galipán. Allí vivió con su familia y construyó el mausoleo donde momificaba cadáveres no reclamados que subía a caballo desde el hospital San Juan de Dios, inyectándoles un líquido secreto que los conservaba por años sin extraerle los órganos.
    Aunque parece más bien una leyenda urbana, Knoche fue un hombre de carne y hueso, un enigmático científico de avanzada rendido a los pies frente al inexorable proceso de descomposición de los cuerpos. También se dice que era un filántropo muy querido entre la gente necesitada a quienes atendía sin cobrarle un centavo, todo por combatir la epidemia del cólera que entonces atacaba sin piedad a los habitantes de la zona a mediados del siglo XIX.
    Relata la historia que los ensayos del entonces incomprendido doctor Knoche eran tan conocidos en la época, que los parientes de Don Tomas Lander, cofundador del periódico ´El Venezolano´ junto con Antonio Leocadio Guzmán, le pidieron que momificara el cuerpo de un deudo. Una vez embalsamado, vestido y maquillado, lo sentaron en la entrada de la casa familiar donde permaneció 40 años, hasta que el gobierno de Antonio Guzmán Blanco exigió a los descendientes del difunto que enterrasen aquella momia.
    Excursión a la Hacienda Buena Vista
    Ya consumido este breve abreboca, y si quieres saber más sobre este científico foráneo y misterioso que eligió una tierra nuestra para vivir y morir, la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente, Fundhea, ha organizado para este sábado 18 de mayo una excursión para visitar el mausoleo del Dr. Knoche, y animar el paseo de interpretación in situ con otras anécdotas que te sorprenderán.
    Como dato de interés, la ruta al mausoleo del Dr. Knoche tiene un costo de Bs. 200 por persona que incluye transporte, guiatura y primeros auxilios. Una vez hecho el trayecto en vehículo rústico, la caminata hasta los espacios donde en otra época estuvo la Hacienda Buena Vista es de aproximadamente 2 horas, por lo que se recomienda especialmente calzado cómodo y agua fresca para el camino. Una cámara de fotografía es impelable para registrar las memorias de tan especial recorrido.
    Cómo contactar a Fundhea
    Para comprobar disponibilidad de cupo y/o próximas fechas, solicitar planilla de inscripción, acordar pago de la inversión, logística, punto de encuentro, solicitud de recorrido privado y conocer más sobre ésta u otras rutas que promueve Fundhea para el conocimiento del patrimonio cultural caraqueño, puedes establecer contacto por varias vías:
    Email: fundhea@hotmail.com
    Twitter: @fundhea
    Cel.: 04164130136

Doctor Knoche: leyenda y cultor de muerte


Daniel Palacios Ybarra - @dapy_
Por la Caracas Posible

No todo está dicho. Por angostos e inescrupulosos senderos de la vertiente norte de El Ávila se guarda muy bien la historia de Gottfried August Knoche: médico de origen alemán, conocido por inmortalizar los cuerpos de pacientes no reclamados del Hospital San Juan de Dios, en La Guaira, haciendo uso de una sustancia que permitía momificarlos. Sus incipientes prácticas fueron ejecutadas tras obtener la reválida de su título en la Universidad Central de Venezuela, en 1845.

Su laboratorio, devenido en ruinas, sigue incrustado en el inmenso verdor vegetal del parque nacional, hacia los lados de Galipán donde tenía su hacienda Buena Vista. Quienes entran al oscuro recinto -de unos dos metros de altura- se aproximan al mismo lugar que Knoche hizo su lecho, para burlar el proceso natural de descomposición humana y experimentar con un líquido que permitía secar los órganos, sin ninguna otra intervención.

Para él no había imposibles. Amante y cultor de la muerte, su clara obsesión lo llevó a vestir sus momias hasta exhibirlas, cual obras de arte, en las áreas comunes de su casa. Así ocurrió con el fundador del periódico liberal El Venezolano, Tomás Lander, cuyo cuerpo permaneció vestido y sentado por más de cuarenta años en la biblioteca del enigmático galeno. Sin duda todo un atrevimiento en un país de arraigadas costumbres católicas, practicante de la sepultura como umbral de vida eterna.

ETERNA MORADA

Otros cuerpos fueron colocados en un mausoleo que el científico alemán ordenó construir a unos 100 metros de su casa. Ahí recreó sus inquietudes para contemplar eso que el destino tiene a todos deparado. La estructura aún conserva seis criptas de mármol donde reposaron los restos de sus familiares disecados, incluyendo los de su esposa, hija y yerno.
El resto de las momias se exhibían en las afueras de su casa para espantar a los intrusos, entre las que se cuenta la del soldado de la Guerra Federal, José Pérez. Una insigne figura del Panteón Nacional fue preparada por Knoche. Se trata del Presidente Francisco Linares Alcántara, también fue momificado por el médico alemán.

Cuenta la leyenda que Gottfried August Knoche conservó una porción de su sustancia, que sirvió para embalsamarlo, cuando la  muerte encontró eterna morada en su humanidad el 2 de enero de 1901, a los 88 años. La sustancia sería colocada por una prima que vivía con él y que lo ayudó a cumplir su voluntad.

Se cree que su cuerpo, al igual que el de sus hijos que también se arraigaron en Venezuela, fueron profanados por personas que, quizás sin saberlo, cercenaron el hilo conductor de una historia que aún no llega a su fin.


CAMINO A LAS RUINAS

Su casa, ahora convertida en templo, es visitada por turistas que emprenden un dificultoso camino a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, para conocer las ruinas donde estaban las momias de Knoche. Seducido por esta leyenda urbana y por el inmenso mar que se avizora en el trayecto hacia la morada de Knoche, José Cortez conoció el mausoleo en una excursión de la Fundación Historia Ecoturismo y Ambiente (Fundhea).

“Apenas supe de las ruta hacia Galipán y me entusiasmé para conocer las ruinas bajo la guiatura de Derbys López, quien preside Fundhea. Desde el propio lugar donde Knoche momificaba sus cuerpos no sólo conocimos la historia oscura que todos conocen, sino también ese lado humano de un médico, muy adelantado para la época, que vino a Venezuela prestar su servicio”.
Otros más escépticos piden que se aclare la historia. “Sería conveniente que desde Venezuela se articulen esferzos desde Venezuela con la Embajada de Alemania para dar con la verdad sobre este personaje que, si bien trajo desarrollo a Venezuela, tenía una rara inquietud por la muerte, dando lugar a muchas conjeturas que deben aclararse para que exista consenso. De cualquier manera, es un personaje que enriquece mucho más nuestro que Ávila, que también tiene sus propias leyendas y sus propias momias”, señaló Nilka Lois, quien ha visitado un par de veces las criptas del doctor Knoche.


De embalsamados, huesos exhumados y el bicentenario del doctor Knoche

Cuando falleció, se llevó con él el por siempre codiciado secreto de las momias. Nada, no queda ni un papel borroso con los ingredientes de la fórmula, menos un libro con los enigmáticos apuntes; apenas se sabe que la composición de la misteriosa pócima que impedía la descomposición de los cuerpos exangües, y permitía su conservación en ingeniosas poses –sentados, por ejemplo no dejarían del todo este mundo-, contenía, entre otros ingredientes, cloruro de aluminio y que, eso sí, una vez inyectada en el torrente sanguíneo del recién fenecido, aquellos restos quedarían como los de Walt Disney; y ¡no sería necesario extraerle las vísceras!
Hablando de muerte y de cadáveres poco exquisitos, loados con creces pero barnizados por la duda, y hablando de presidentes fallecidos en ejercicio o casi, y del culto triste a las figuras poderosas convertidas en momias para una eternidad de embuste, viene a cuento la historia asombrosa de Gottfried August Knoch (“el doctor Canoche”), oriundo de Halberstadt, Alemania, donde nació el 17 de marzo de 1813 -ahora mismo se celebra el bicentenario-, y quien fuera conocido, más que por parecerse demasiado a José Gregorio Hernández -también sanaba a los pobres sin cobrarles-, por tener en la Finca Buena Vista, en el picacho de Galipán, del Ávila guaireño, decenas de cadáveres en conserva; él mismo habría pedido ser inyectado para la posteridad por su asistente y al parecer pariente, la enfermera Amalie Weismann, que también fue discreta, a la hora de revelar la receta, hasta la muerte.
Luego de un ascenso de poco más de dos horas, lo que se divisa es una casa en ruinas, las paredes están rotas y desconchadas, y donde hubo preciosos sembradíos de café, solo crece la maleza. Formado como médico cirujano en Alemania –cinco años después de su llegada al país en 1840 obtuvo la reválida para ejercer de la Universidad Central de Venezuela-, el doctor Knoch se mudó definitivamente a la finca Buena Vista –su esposo lo deja y regresa a Alemania- y allí, cerca del cielo avileño, vivió y montó un laboratorio ¿macabro? ¿científico?, y el almacén donde mantenía a buen resguardo decenas de cadáveres embalsamados. Directo del hospital de San Juan de Dios de Vargas, como tal tendría el consentimiento de la comunidad médica para hacerse de los restos de aquellos que nunca eran reclamados. Los subía en burro por las laderas de la montaña hasta la hacienda que también sería una hermosa vivienda –en plena selva tropical, decorada como casona de la Selva Negra- y allí los mantenía a buen resguardo, en las fosas individuales construidas especialmente.
La leyenda negra lo llama el Frankenstein criollo pero Derbys López Suárez, coordinador de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente, enamorado del Avila, su defensor, y recopilador de leyendas como historiador por oficio que es, intenta lavar el sospechoso perfil de Knoch, a quien compara con sus colegas europeos, también dados a la tarea de eternizar nobles y miembros de la realeza. Con aquel preciado líquido embalsamador, Knoch embalsamó al primer presidente de Venezuela fallecido en el ejercicio de sus funciones, Francisco Linares Alcántara, y momificó a Tomás Lander, caraqueño cofundador del periódico liberal El Venezolano. Es el que se conservaba sentado en su escritorio, bien vestido por sus familiares, en su casa. “Pero el mismo gobierno ordenó que fuera enterrado, ya habían diferencias políticas entre él y los amarillos por lo que, temiendo que reencarnara, y tomara medidas extremas; fue un gesto político más que ético”, explica Derbys López.
La hacienda Buena Vista estaba custodiada también por perros embalsamados por el doctor Knoch, un médico muy generoso “que hizo mucho durante la epidemia de cólera que nos azotó entre 1854 y 1856”, añade Derbys López. Lo que lo hizo misterioso fue su interés por los muertos: aquellos que llevaba de noche hasta su casa. Su hermetismo en estos asuntos. Una vez muerto, el doctor Knoche, y embalsamado como fue su voluntad –habría dejado la fórmula preparada con ¡20 años de anticipación!- la casa fue cerrada y la llave lanzada al mar. Pero al cabo de los años, la intriga y la leyenda de que había oro en aquella casa solitaria –tuvo descendencia pero no se tienen tampoco pistas de ellos-, animó el saqueo. Algunos de los cuerpos permanecieron un tiempo en los salones de la escuela de medicina tropical, de la Universidad Central. Pero también el tiempo consiguió borrarlos.
La muerte tiene sus códigos. Para fines ¿religiosos?, paleros, como se hacen llamar, habrían asaltado horas atrás, como escribe la periodista Lissete Boon, el mausoleo que contenía los restos de Joaquín Crespo y su esposa, misia Jacinta, en el Cementerio General del Sur, “construido para que todos tuvieran posibilidad de descansar en paz por Guzmán Blanco y no hubiera discriminaciones al morir: cementerios de extranjeros, de judíos, de no católicos”, como acota Derbys López, y por ello acaso tendría sentido el trabajo de Knoch: salvaría a los muertos de ir a parar al fondo del mar. Lo cierto es que la muerte no descansa hasta que su trabajo queda listo, pese a los esfuerzos de los embalsamadores, al menos por estos lados donde, ahora mismo, para acciones non sanctas, no se respeta la paz de los sepulcros, llámese Simón Bolívar, Hugo Chávez o Cipriano Castro.
Knoch, tiene, sin embargo, quien lo quiera. El músico de heavy metal venezolano, Paul Gillman, le dedica una canción llamada Dr. Knoche; está en el disco El regreso del guerrero y la escritora chilena Isabel Allende, se habría inspirado en su leyenda para recrear, en su libro Eva Luna, al personaje del profesor Jones; y Derbys López prepara un libro con el anecdotario más cabal posible, para aclarar su perfil. Entretanto, mientras la muerte anunciada, oculta o desdoblada es tema de conversación en salones caraqueños, y no pocos se lamentan por la desaparición de los restos del expresidente –Castro-, una palabra calza para el corolario: Knochen, casi idéntica al apellido del celebérrimo doctor, significa ‘Hueso’ en alemán. Será que los paleros entienden el idioma de aquel abominable que se creyó dios.
Faitha Nahmens |@CodigoVenezuela

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Paseo a los predios del Dr. Knoche

Por Mirco Ferri

Existe una fundación denominada FUNDHEA (Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente) que se dedica a realizar turismo autosustentable, y entre otras cosas organiza excursiones por rutas que tengan algún valor ya sea histórico o ecológico. Uno de los destinos que ofrece es el Mausoleo del Dr. Knoche. Como tenía conocimientos previos sobre la figura del doctor, personaje al filo de la leyenda por sus actividades de embalsamamiento durante el siglo XIX, me pareció interesante y accedí a los requerimientos de mi esposa, quien ya había realizado los contactos iniciales con Derbys López, principal promotor de la fundación, y nos inscribimos para participar en el paseo.


Nos fuimos cerca de las 7:00 AM en metro al punto de encuentro, la estación de El Silencio, en donde tomaríamos el transporte que nos acercaría a la ruta pedestre que conduce al lugar. Fue muy cómico coincidir en el viaje subterráneo con algunos amanecidos, a esa hora tan temprana del domingo. Ellos iban rumbo a su casa a dormir, nosotros nos dirigíamos a descubrir nuevos lugares.

Al llegar a El Silencio nos encontramos con los demás integrantes de la excursión, unas 38 personas, con edades que iban desde los 3 hasta los 70 años, varios grupos familiares, y mucha juventud. Estuvimos charlando mientras terminaban de llegar todos los participantes, y cuando eso ocurrió nos trasladamos hacia la entrada de la Plaza Bicentenaria, en donde abordaríamos los transportes. Ocurrió un pequeño incidente: una de las unidades contratadas había sufrido un percance, y los organizadores tuvieron que resolver la situación ubicando otra. Por ese motivo salimos un poco más tarde de lo estipulado. Cabe destacar que los soldados que estaban resguardando la plaza nos solicitaron que nos moviéramos de la entrada, por ser zona de seguridad. En fin, les hicimos caso y nos movimos 5 metros a la derecha, en donde aparentemente ya no estábamos comprometiendo la seguridad del lugar. Mientras tanto nos organizamos en 4 grupos, para distribuirnos en las unidades. Cuando llegaron las abordamos, y tras un breve recorrido urbano en donde reconocí, a pesar de la poca visibilidad que permitía el vehículo que nos transportaba, la Avenida Baralt y Cotiza, comenzamos a transitar por el camino de montaña bien acondicionado que lleva a Boca de Tigre y posteriormente a San José de Galipán, lugar desde donde partiría la excursión a pie. A llegar allí nos congregamos en la placita Bolívar, y Derbys nos informó sobre la logística que emplearíamos durante la caminata.

Mis condiciones físicas distan mucho de ser óptimas, y el trayecto era en subida, ¡y qué subida! Sin embargo, poco a poco, con frecuentes paradas para recuperar el resuello, pudimos llegar al primer punto de control, el llamado "Mata de mango". Allí descansamos un rato, tomando agua, bromeando e intercambiando impresiones sobre lo que habíamos visto y sentido en esa primera etapa. Aprovechamos para tomar algunas fotos del Picacho de Galipán, gracias a que el cielo estaba despejado.Tras esa breve pausa, retomamos la marcha, que iba a ser más comprometedora que en la primera parte.

Debo confesar que en más de una oportunidad pensé en abandonar. Sentía que las piernas no me daban, y que el aire me faltaba. Mi lado malcriado salió a flote, y pensaba protestar por las condiciones de la caminata, que no correspondían a lo que nos habían informado previamente. Sin embargo, al ver que personas que habían pasado los 60 años hacía rato seguían en la brega, mi pundonor me hizo superar ese momento de flaqueza y continué avanzando. Tras una subida que parecía interminable - a cada recodo se tenía la esperanza de que el camino se enderezara, pero nada de eso sucedió - llegamos al segundo descanso, el Plan de la Alpargata, en donde hicimos una larga pausa para tomar agua y comer alguno de los refrigerios que habíamos traído, y que aprovechó Derbys para comenzar su ciclo de charlas sobre el Dr. Knoche. Ese lugar viene siendo algo así como la entrada a la tierra de Knoche, en cierta medida caricaturesca por la ¿réplica? de la cabeza de una momia en un nicho enterrado en el piso, y una valla informativa, del estilo de las que se encuentran en los senderos de la montaña, con una leyenda bastante halada de los cabellos que narra un acontecimiento del cual no existe registro alguno. Parece ser que fue el intento frustrado de una asociación que quiso apalancarse sobre la fama de Knoche para hacer una suerte de parque temático, pero el empeño de los ambientalistas lo pudo frenar a medias.

Cuando terminamos con ese segundo período de descanso, ya hidratados y alimentados, afrontamos la última parte del recorrido, que prometía ser plácida ya que era un senderito plano, sin inclinaciones abruptas. Pero fue un espejismo: inmediatamente se convirtió en una cuesta, que ascendía un largo trecho, se emparejaba un rato y luego comenzaba a descender aceleradamente, lo que nos hizo entender lo que nos esperaba al regreso. Maldije en secreto a los fabricantes de senderos montañeros, que se antojan de hacer los caminos más enrevesados posibles, pero seguí avanzando resignadamente, ya que según los solícitos y amables guías, Jonathan Torrealba y Angelo Modesti, faltaba poco. A ratos la ruta se abría hacia el norte y nos permitía observar el litoral central. Una de las cosas que más llama la atención es la riqueza de vegetación que se puede observar en el trayecto; a ratos parece un jardín diseñado por un paisajista muy imaginativo, pues se ven vistosas combinaciones de colores a todo lo largo del sendero.

Por fin llegamos a lo que fue la entrada de la casa; de ella sólo queda una ruina rematada por un símbolo que parece una @, lo que me hizo pensar que el doctor había sido un adelantado a su tiempo. De la casa en sí tampoco queda nada, salvo dos estructuras de baja altura que parecen haber pertenecido a un balcón, y el denominado laboratorio, una pequeña construcción abovedada en donde se presume realizaba sus experimentos el Dr. Knoche. Derbys aprovechó para explicarnos detalles de la casa tal y cómo había sido concebida originalmente, y las hipótesis sobre su destrucción. Hay dos teorías, ambas relacionadas con la búsqueda de algún tesoro escondido en la propiedad; en una los protagonistas son gente extraña, en la otra se trata del mismo nieto del doctor, con fama de ludópata, quien para pagar deudas de juego arrasó con la vivienda.

Luego de un rato, y de haber realizado todas las fotografías que mereció la ocasión, nos dirigimos a la última etapa de la excursión, el Mausoleo. Se trata de una edificación bastante simple, en obra limpia, desprovista de adornos salvo una escalera que permite subir al techo en donde hay un pequeño mirador, y que tenía como única finalidad servir de última morada a los parientes del doctor, y a él mismo, después de haber sido embalsamados. El sitio fue saqueado en el pasado, y las momias se perdieron. Recientemente se hizo una restauración por la misma asociación que mencioné antes y que al parecer de Fundeha no fue fiel, y ahora sobre cada nicho reposa una lápida de mármol con la información referente al ocupante original. Derbys dio la última parte de su charla, y nos explicó la necesidad del mausoleo: anteriormente, hasta la época de Guzmán Blanco, existía una prohibición de enterrar extranjeros en los cementerios del país, por lo que se volvió común la práctica de establecer cementerios privados para poder darles sepultura. El Dr. Knoche fue uno de los que solicitó los permisos para ello, y de allí que haya mandado a construir, en medio de la montaña, esa extraña edificación destinada al culto de los muertos. Concluimos la visita al mausoleo con una breve intervención de cada uno de los participantes en el paseo, y con la pequeña y espontánea celebración del cumpleaños de una de las señoras que nos acompañaba.

Solamente nos quedaba el trago amargo del regreso, la caminata a la inversa: lo que antes fue bajada, ahora iba a ser subida, y viceversa. Fue menos duro de lo esperado, en realidad. Parece que el cuerpo se acostumbra al castigo, y reacciona mejor con el calentamiento. O tal vez eran las ganas de terminar rápido con la tortura. Lo cierto es que en mucho menos tiempo que el empleado en la ida ya estábamos en el punto de salida, esperando por las unidades que nos llevarían primero a Boca de Tigre, a comer un hervido reparador y efectuar algunas compras en los puestos de comida de la zona, y por último al destino final, la estación del metro de El Silencio. Bajamos ya de noche, y tuvimos como cierre el espectáculo de las luces de la ciudad, una imagen que aunque hayamos visto innumerables veces siempre nos llena de asombro. Cansados, sí, muchísimo, pero al final complacidos por haber participado en esa excursión tan genial.





















miércoles, 20 de agosto de 2014

Realizarán foro sobre la vida de Gottfried August Knoche

El médico que se residenció en La Guaira fue famoso por inventar un líquido embalsamador con el que momificó docenas de cuerpos.

EL UNIVERSAL
viernes 5 de abril de 2013  02:48 PM
Caracas.- A propósito del bicentenario del natalicio del doctor Gottfried August Knoche, Fundhea  realizará el foro "Entre el mito y la realidad" en el que se resaltará su vida y obra.

La cita para conocer más sobre el médico alemán que se residenció en La Guaira a mediados del siglo XIX y fue famoso por inventar un líquido embalsamador con el que momificó docenas de cuerpos será mañana 6 de abril en el auditorio Simón Bolívar ubicado en el nivel A, edificio anexo de la Torre ministerial, Esquina El Chorro, Avenida Universidad, (La Hoyada) a partir de 1 p.m.

El Objetivo de Fundhea con este foro es de dar a conocer la real historia de este personaje. Godofredo Knoche fue estudioso de la botánica, filántropo y médico respetado.

El costo de la entrada será de 30 bolívares. Para mayor información comunicarse a los  teléfonos 04164130136 o por a través del email fundhea@hotmail.com.



Reportajes sobre nuestro homenaje al Dr. Knoche en su 111 años de su fallecimiento



martes, 2 de abril de 2013

FORO: Dr. G. KNOCHE: ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD



FECHA: 06 de Abril de 2013

HORARIO: 1:00 pm a 4:30pm

COSTO COLABORACIÓN: 30 Bs

LUGAR: Centro Cultural Simón Rodríguez, Auditórium Simón Bolívar. Nivel A, Edificio Anexo de la Torre ministerial, Esquina El Chorro, Avenida Universidad, (La Hoyada) Caracas

TEMARIO:

"Fundhea: Enseñando la historia en el lugar de los hechos” (Arturo Rivero)

“Siguiendo el rastro del Dr. Knoche” (Álvaro Diaz)

Presentación del Documental “Knoche Luces que todos no ven” (Carlos Polleto y Francisco Méndez)

"Knoche detrás de cámaras" (Carlos Polleto y Francisco Méndez)

“Aportes del Periodista Guillermo Schael sobre vida del Dr.Knoche” (Alfredo Schael)

“Mitos y realidades sobre el Dr. Knoche” (Derbys López)


FORISTAS:


ARTURO RIVERO: Consultor de Soporte de sistema en CAIBCO & SOS UCV, e investigador de la historia, Miembro directivo de Fundhea

ALVARO DIAZ.: Artista grafico, músico e investigador de la historia, Creador del Blogs www.dr_knoche.blogspot. com

ALFREDO SCHAEL: Periodista, Escritor, Investigador de la Historia del transporte en Venezuela, Director del Museo del Transporte de Caracas

CARLOS POLLETO: Comunicador social, guionista, compositor musical y productor Audiovisual, Productor del Documental “Knoche Luces que todos no ven”

FRANCISCO MENDEZ: Comunicador social, director, guionista y productor Audiovisual, Productor del Documental “Knoche Luces que todos no ven”

DERBYS LOPEZ: Investigador de la Historia Oral, Multiplicador en materia de Prevención Sísmica, Guía Ecopatrimonial, Instructor INCE, Director de la Fundación Historia Ecoturismo y Ambiente. (FUNDHEA)

MODERADOR:

MIRNA YONIS: Internacionalista, Profesora de la UCV.


COSTO COLABORACIÓN: 30 Bs

LUGAR: Centro Cultural Simón Rodríguez, Auditórium Simón Bolívar. Nivel A, Edificio Anexo de la Torre ministerial, Esquina El Chorro, Avenida Universidad, (La Hoyada) Caracas

Mayor información: Telf 04164130136, email: fundhea@hotmail.com Twitter @fundhea

REGISTRO E INSCRIPCIÓN La inscripción al evento se realizará a través de esta página web: